La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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20 oct. 2011

Valentín

Voces anónimas,  de Li-Shu Chen
   «El teatro, su animación, su mantenimiento, los ensayos, las representaciones, los cientos de pequeños detalles que, como una maquinaria delicada, lo componían, me hacían vivir una actividad constante que requería gente, que necesitaba de los otros, de su colaboración, de su aportación, de su locuacidad; mi jornada estaba repleta. Pero, detrás de las complicadas bambalinas de un ajetreo tan vistoso, la soledad estaba en pie, disimulada, acechándome, unas veces hosca, otras resignada. No importaba que Valentín siguiera formando parte, diariamente, de esta representación maquinística en la que todos estamos comprometidos en dosis tan variable de amenidad y desabrimiento, su luz no anulaba ya la presencia de la soledad, porque había dejado  de ser, para mí, una luz envolvente que me transformaba para convertirse en una luz ajena, despegada de mí y que hacía entonces resaltar con más violencia, en contraste con su fuerza feliz, mi cuadrante de sombra».


(GIL-ALBERT, Juan. Valentín: (homenaje a William Shakespeare). Barcelona: Thule, 2003, p. 77-78.)


   El director de teatro Ricardo lleva a su compañía a una casa de campo para preparar una obra de Shakespeare. Hay un nuevo actor, Valentín, más joven que todos, que desencadena una tormenta de celos, pasiones, envidias,... En palabras de Gil de Biedma, en el protagonista de esta tan breve como intensa y turbadora novela tenemos «el peso de una doble decepción: la de la insuficiencia del arte, la de la irremediable insuficiencia de la vida».

   Publicada por primera vez en 1974,  Valentín es el mejor exponente de la obra narrativa del también poeta Juan Gil-Albert (1906-1994), con la que bucea, como pocas veces se ha hecho, en la pasión, enmarcando la acción en otra pasión: la dramaturgia de Shakespeare.  Según el propio autor, el héroe del relato, que no es Valentín, «más que crimen acomete la resolución de un problema, el despeje de una ecuación cuya incógnita es la víctima que pasa a ser triunfal pieza cobrada».

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