La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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30 nov. 2011

El riesgo de la lectura

«Leer bien significa arriesgarse a mucho. Es dejar vulnerable nuestra identidad, nuestra posesión de nosotros mismos. En las primeras etapas de la epilepsia se presenta un sueño característico (Dostoievski habla de él). De alguna forma nos sentimos liberados del propio cuerpo; al mirar hacia atrás, nos vemos y sentimos un terror súbito, enloquecedor; otra presencia está introduciéndose en nuestra persona y no hay camino de vuelta. Al sentir tal terror la mente ansía un brusco despertar. Así debiera ser cuando tomamos en nuestras manos una gran obra de literatura o de filosofía, de imaginación o de doctrina. Puede llegar a poseernos tan completamente que, durante un tiempo, nos tengamos miedo, nos reconozcamos imperfectamente. Quien haya leído La metamorfosis de Kafka y pueda mirarse impávido al espejo será capaz, técnicamente, de leer la letra impresa, pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta.
   Como la comunidad de valores tradicionales está hecha añicos, como las palabras mismas han sido retorcidas y rebajadas, como las formas clásicas de afirmación y de metáfora están cediendo el paso a modalidades complejas, de transición, hay que reconstruir el arte de la lectura, el verdadero lenguaje literario. La labor de la crítica literaria es ayudarnos a leer como seres humanos íntegros, mediante el ejemplo de la precisión, del pavor y del deleite. Comparada con el acto de la creación, ésta es una tarea secundaria. Pero nunca ha representado tanto. Sin ella, es posible que la misma creación se hunda en el silencio».


(STEINER, George. Lenguaje y silencio. 2ª ed. Madrid: Gedisa, 2000, p. 26-27.)





26 nov. 2011

Misión de la literatura

Ilustración de Fernando Vicente
   «Todo resuena, apenas se rompe el equilibrio de las cosas. Los árboles y las yerbas son silenciosas; el viento las agita y resuenan. El agua está callada: el aire la mueve, y resuena; las olas mugen: algo las oprime; la cascada se precipita: le falta suelo; el lago hierve: algo lo calienta. Son mudos los metales y las piedras, pero si algo los golpea, resuenan. Así el hombre. Su habla, es que no puede contenerse; si se emociona, canta; si sufre, se lamenta. Todo lo que sale de su boca en forma de sonido se debe a una ruptura de su equilibrio.
   La música nos sirve para desplegar los sentimientos comprimidos en nuestro fuero interno. Escogemos los materiales que más fácilmente resuenan y con ellos fabricamos instrumentos sonoros: metal y piedra, bambú y seda, calabazas y arcilla, piel y madera. El cielo no procede de otro modo. También él escoge aquello que más fácilmente resuena: los pájaros en la primavera; el trueno en verano; los insectos en otoño; el viento en invierno. Una tras otra, las cuatro estaciones se persiguen en una cacería que no tiene fin. Y su continuo transcurrir, ¿no es también una prueba de que el equilibrio cósmico se ha roto?
   Lo mismo sucede entre los hombres; el más perfecto de los sonidos humanos es la palabra; la literatura, a su vez, es la forma más perfecta de la palabra. Y así, cuando el equilibrio se rompe, el cielo escoge entre los hombres a aquellos que son más sensibles, y los hace resonar».


(PAZ, Octavio. Chuang-Tzu. Madrid: Siruela, 1997, p. 72-73.) 

19 nov. 2011

La belleza de la ciencia

   «Sabemos que la simetría está detrás de lo que percibimos como hermoso. ¿Puede ser que acaso lo único verdaderamente hermoso sean las matemáticas?
   La física de Einstein y la cuántica se dieron la mano gracias a Paul Didac y a su vehemente convicción de que las ecuaciones fundamentales del universo debían ser, por encima de todo, hermosas. Su método científico se basó en asumir que la belleza de éstas residía en los símbolos y en la lógica que los relacionaba.
   Así en 1928, a la edad de 25 años, mientras jugueteaba en busca de unas relaciones matemáticas, Didac formuló la ecuación que describe el comportamiento del electrón y que más tarde utilizó para predecir la existencia de la antimateria.
  Dado que ésta es prácticamente la mitad del material que contiene el universo tras el Big Bang, podemos decir que la ecuación de Didac encierra la belleza de la mitad de la existencia
   Sin duda es una idea poética, pero es que de entre todas las artes la poesía es la que más se asemeja a las matemáticas. Ambas constituyen el máximo refinamiento en el uso de un lenguaje para describir una emoción o una realidad física a través de la completa armonía en la elección y la posición de sus elementos, sean éstos palabras o símbolos matemáticos; un mínimo cambio en un soneto de Shakespeare sería tan pernicionoso como hacer la más ligera modificación en una ecuación de Didac.
   En este sentido, la definición de belleza como un atributo que no puede ser ni siquiera ligeramente alterado sin destrozar su grandeza se ajusta por entero a las teorías matemáticas a pesar de que su belleza no sea tan fácilmente apreciable».



(PUNSET, Eduardo. Por qué somos como somos. Madrid: Aguilar, 2008, p. 217-218.)

14 nov. 2011

Los derechos del lector


1. El derecho a no leer.
2. El derecho a saltarse las páginas.
3. El derecho a no terminar un libro.
4. El derecho a releer.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).
7. El derecho a leer en cualquier lugar.
8. El derecho a hojear.
9. El derecho a leer en voz alta.
10. El derecho a callarnos.


(PENNAC, Daniel. Como una novela. 8ª ed. Barcelona: Anagrama, 2001, p. 143-169.)



10 nov. 2011

Yo también he vivido en Arcadia

   «Los años llegan y pasan, las personas vienen y se van, el tiempo y las gentes me son propicios, y yo tengo mi lugar bajo el sol.
   Ahora, desde hace días, en momentos en los que no tengo tiempo para prestarle atención, llega hasta mí el son de una flauta, una melodía que el viento trae en retazos, una llamada amortiguada por la distancia, y me parece que viene de las colinas otoñales que lindan con el azul de un límpido cielo matinal. ¿O es el repicar de los pequeños cencerros que tropiezan en las matas cuando los corderos blancos bajan al valle? ¿O la vibración de los rayos plateados de los raíles que van a las barracas del río y, desde allí, desembocan en línea recta en la esfera del sol poniente que, como una gran estación, acoge a todos los trenes en el cielo?».


(BACHMANN, Ingeborg. Ansia y otros cuentos. Madrid: Siruela, 2005, p. 42.)


   De las trece historias que el libro Ansia y otros cuentos recoge, tres son fragmentos de otros relatos y dos quedaron sin terminar debido a la prematura muerte de la autora austríaca.

   Josip Poje el balsero, la pintora Anna Maria, Andreas Reiter, soldador de obras públicas, el Sr. y la Sra Malina, Bertold Rapatz, su hija Sibilla, Elizabeth... son algunos de los protagonistas de sus narraciones, hombres y mujeres que desde su aparente insulsa cotidianidad se sumergen en una encrucijada de la existencia, enfrentados a vivencias trascendentales sobre el amor, la locura, el infortunio de la vida y la casualidad de la muerte.

   La agudeza de la mirada, la vehemencia del sentimiento y el ímpetu del lenguaje son cualidades de la prosa de esta también prestigiosa poetisa. La obra literaria de Bachmann es testigo imprescindible de la literatura contemporánea en general y de la germana en particular. Hoy goza de lo que se le negó en vida: justo reconocimiento y profundo respeto.

2 nov. 2011

Noviembre


Llega otra vez noviembre, que es el mes que más quiero
porque sé su secreto, porque me da más vida.
La calidad de su aire, que es canción,
casi revelación,
y sus mañanas tan remediadoras,
su ternura codiciosa,
su entrañable soledad.
Y encontrar una calle en una boca,
una casa en un cuerpo mientras, tan caducas,
con esa melodía de la ambición perdida,
caen las castañas y las telarañas.

Estas castañas, de ocre amarillento,
seguras, entreabiertas, dándome libertad
junto al temblor en sombra de su cáscara.

Las telarañas, con su geometría
tan cautelosa y pegajosa, y
también con su silencio,
con su palpitación oscura
como la del coral  o la más tierna
de la esponja, o la de la piña
abierta,
o la del corazón cuando late sin tiranía, cuando
resucita y se limpia.
Tras tanto tiempo sin amor, esta mañana
qué salvadora. Qué
luz tan íntima. Me entra y me da música
sin pausas
en el momento mismo en que te amo,
en que me entrego a ti con alegría,
trémulamente e impacientemente,
sin mirar esa puerta donde llama el adiós.

Llegó otra vez noviembre. Lejos quedan los días
de los pequeños sueños, de los besos marchitos.
Tú eres el mes que quiero. Que no me deje a oscuras
tu codiciosa luz olvidadiza y cárdena
mientras llega el invierno.


Claudio Rodríguez


(GARCÍA HORTELANO, Juan. El Grupo poético de los años 50 : (una antología). Madrid: Taurus, 1987, p. 260-261.)