La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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24 may. 2016

De la elección de amigos





Confidencias (1869)de Lawrence Alma-Tadema

«Me escribes diciéndome que el portador de las cartas es amigo tuyo, y al mismo tiempo me recomiendas que tenga cuidado en lo que le diga de tus cosas. Esto es decirme a la vez que es y no es tu amigo. La palabra amigo, por consiguiente, no es en lo que escribes más que una fórmula usual: este hombre es tu amigo, como todos los candidatos son hombres de bien, como se da el título de señor a cualquiera cuyo nombre ignoramos.

   ¿Dejemos la palabra y hablemos de otra cosa? Creer amigo a alguno, sin tener en él la confianza como en uno mismo, es no conocer todo el alcance de la verdadera amistad. Que vuestro amigo sea el confidente de todos vuestros juicios, pero antes ha de juzgársele a él: a la amistad debe seguir la confianza, el discernimiento debe precederla. Es un contrasentido, es confundir los deberes y violar el precepto de Teofrasto, el intimar con alguno antes de conocerlo para romper con él cuando se le conozca. Medítalo mucho antes  de conceder tu amistad; una vez concedida, abre al amigo tu alma, con tanta confianza en él como en ti mismo. Vive de tal manera que puedas descubrir todos tus pensamientos aun a tu enemigo; pero como siempre hay cosas íntimas que la costumbre ha convertido en secretos, derrama en el seno de un amigo todos tus pesares, todos tus pensamientos: creéle fiel y lo será».




(SÉNECA, Lucio Anneo. Tratados filosóficos; Cartas. 8ª ed. México: Porrúa, 2003, p. 194-195.)

19 may. 2016

La mamá de los cuentacuentos



  
El árbol encantado,  de Salvador Dalí
«Por vengarse de una, que lo había traicionado, el rey degollaba a todas. En el crepúsculo se casaba y al amanecer enviudaba. 


Una tras otra, las vírgenes perdían la virginidad y la cabeza. Sherezade fue la única que sobrevivió a la primera noche, y después siguió cambiando un cuento por cada nuevo día de vida. 

Esas historias, por ella escuchadas, leídas o imaginadas, la salvaban de la decapitación. Las decía en voz baja, en la penumbra del dormitorio, sin más luz que la luna. 

Diciéndolas sentía placer, y lo daba, pero tenía mucho cuidado. A veces, en pleno relato, sentía que el rey le estaba estudiando el pescuezo. Si el rey se aburría, estaba perdida. Del miedo de morir nació la maestría de narrar».





(GALEANO, Eduardo.  Espejos : una historia casi universal. México: Siglo XXI, 2008, p.72-73.)

13 may. 2016

El Ángel Asael



   «En las noches de luna nueva un “maggid”, o ángel instructor, descendía de las órbitas celestes y penetraba en el aposento del gran rabino, a quien llamaban la Corona y la Diadema, la Llama y el Único en su tiempo. Le enviaban para revelar al gran rabino los secretos del mundo superior que ningún vivo es capaz de desvelar por sí mismo. Y los secretos son innumerables.
   El ángel no adoptó la forma humana. Nada en él asemejaba lo que acostumbran a ver los ojos humanos. Pero era de una gran belleza.
   –Los signos que usais para formar las palabras –le aleccionó– contienen las grandes fuerzas y el poder que mantiene el curso del mundo. Debes saber que todo lo que en la tierra aparece en forma de palabra deja su huella en el mundo superior. El alef, el primero de los signos, encierra en sí la verdad. Beta, el segundo, la grandeza. A continuación viene la elevación. El cuarto signo encierra la gloria del mundo divino y en el quinto reside la fuerza del sacrificio. Después viene la pureza, luego la luz. El poder penetrar en las cosas y el conocimiento. La justicia, el orden que rige todas las cosas, el movimiento eterno. Pero el más excelso es el último signo, el taf, con el que se despide el sabbath. En él reside el equilibrio del mundo que los cinco ángeles mayores deben proteger: Miguel, señor de las piedras y los metales, Gabriel, que domina el hombre y los animales, Rafael, a quien las aguas obedecen, Feliel, a quien se ha encomendado la hierba y todas las plantas, y Uriel, que rige el fuego. Ellos vigilan que el equilibrio del mundo no se rompa, y tú, insensato, tan insignificante como un grano de arena, un hijo del polvo, te has atrevido a perturbarlo».


(PERUTZ, Leo.  De noche, bajo el puente de piedra. Barcelona: Muchnik, 1991, p. 126-127.)