La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 feb. 2013

La Filosofía en la vida de cada hombre


Filosofía desde la Sala de la Signatura (1511), de Rafael Sanzio
   «Cuando la Filosofía hace su historia suele olvidar desdeñosamente lo que deben los hombres a otros saberes nacidos más allá o más acá de ella. Lo que se debe, por ejemplo, a la poesía y a la novela. Tendría razón en ignorarlas y hasta en desdeñarlas si su existencia misma no las necesitara. La Filosofía no necesita supuestos –tal vez se así– para su ideal existencia, según ella misma establece. Pero si se la considera en la vida de cada hombre, los necesita más que cualquier otro género de conocimiento. No puede compararse con la Religión; la Religión no necesita de condiciones para entrar en la vida de un hombre; ella sola puede penetrar y consumir su vida entera hasta absorberla: las vidas de tantos santos ignorantes que comenzaron por ser “tocados” cuando eran hombres vulgares o disipados, lo muestra bien a las claras. La Filosofía, por el contrario, necesita el mayor número de condiciones en la vida del filósofo. Si la Filosofía no tiene vida, el filósofo la tiene en el mayor grado; ha tenido, en realidad, que transformarse para entrar en la Filosofía».
                                                   

(ZAMBRANO, María. La confesión: género literario. 2ª ed. Madrid: Siruela, 2001, p. 13-14.)

23 feb. 2013

El sufrimiento de la vida

La vida  (1903)de Pablo Picasso

   «El atardecer era tibio y claro; el cielo había quedado limpio desde la mañana. Raskólnikov iba a su casa; tenía prisa. Quería acabarlo todo antes de que se pusiera el sol. No deseaba encontrarse con nadie hasta tenerlo todo arreglado. Al subir la escalera de su casa, se dio cuenta de que Nastasia, dejando el samovar que estaba preparando, le había mirado fijamente y le acompañaba con la vista. “¿No habría alguien en mi habitación?”, se preguntó. Pensó con desagrado en Porfiri. Pero al abrir la puerta de su cuchitril, vio a Dúnechka. Estaba sola, embebida en sus pensamientos; al parecer, hacía mucho rato que le esperaba. Raskólnikov se detuvo en el umbral. Dunia se levantó del diván, sobresaltada, e irguió la cabeza. Su mirada, fija, clavada en su hermano, reflejaba un sentimiento de horror y de aflicción abrumadoras. Esa mirada bastó a Raskólnikov para comprender que Dunia lo sabía todo.».


(DOSTOIEVSKI, Fedor.  Crimen y castigo. Barcelona: Círculo de Lectores, 1984, p. 510-511.)



   Crimen y castigo (1866), considerada como la primera obra maestra de Dostoievski, es un profundo análisis psicológico de su protagonista, el joven estudiante Raskolnikov, cuya firme creencia en que los fines humanitarios justifican la maldad le conduce al asesinato de una usurera. Pero, desde que comete el crimen, la culpabilidad será una pesadilla constante con la que el estudiante será incapaz de convivir. El estilo enfebrecido y compasivo de Dostoievski sigue con maestría única los recovecos de las contradictorias emociones del estudiante y refleja la lucha extrema que libra con su conciencia mientras deambula por las calles de San Petersburgo. Ya en prisión, Raskolnikov se da cuenta de que la felicidad no puede ser alcanzada siguiendo un plan establecido a priori por la razón: ha de ganarse con sufrimiento.

19 feb. 2013

Verse a sí mismos


Las mujeres de Anfisa (1887)de Lawrence Alma-Tadema
 «Allá está el verdadero Amado, con el que podemos unirnos, participando de Él y poseyéndolo y no abrazándolo por fuera carnalmente. Si alguno vio, sabe lo que digo. Sabe que el alma entonces está en posesión de una vida distinta, desde el momento en que se acerca a Él y se une ya a Él y participa de Él hasta el punto de darse cuenta, en ese estado, de la presencia del dador de la vida verdadera. Y ya no necesita de nada, antes al contrario, le es preciso despojarse de las demás cosas, quedarse en eso solo y hacerse eso solo, apartando el resto... Y entonces es cuando es posible ver a Aquél y verse a sí mismos como se debe uno ver: esplendoroso y lleno de luz inteligible; mejor dicho, hecho luz misma, pura ingrávida y leve; hecho dios, o mejor aún, siendo dios, se verá todo encendido en aquel instante».


(PLOTINO. Enéadas, VI, 9, 10, incluido en: GARCÍA CASTILLO, Pablo. Plotino. Madrid: Ediciones del Orto, 2001, p. 90.)

14 feb. 2013

Amor constante más allá muerte

Cupido y Psyche (1817),  de Jacques-Louis David
   Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera:

   mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

   Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

   su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.


(QUEVEDO, Francisco de. Poemas escogidos. Madrid: Castalia, 1986, p. 178-179.)

7 feb. 2013

A cada libro, su lector

La lectora (hacia 1880-90), de Jean Jacques Henner
   «El valor de los libros es proporcional a lo que podemos llamar su plasticidad: su cualidad de ser todas las cosas para todos los hombres, de ser modelados diversamente por el impacto de formas nuevas de pensamiento. Cuando, por una u otra razón, esta adaptabilidad recíproca está ausente, no puede haber ninguna relación real entre el libro y el lector. En este sentido se puede decir que no existe un criterio abstracto de valores en la literatura: los libros más grandes que se han escrito sólo valen para cada lector lo que éste puede sacar de ellos. Los mejores libros son aquellos de los que los mejores lectores han podido extraer la mayor cantidad de pensamiento de la mejor calidad; pero generalmente es de estos libros de los que el lector mediocre extrae menos.»


(WHARTON, Edith. El vicio de la lectura.  Palma: José J. de Olañeta, 2010, p. 20-21.)

3 feb. 2013

Febrero



Invierno (1896),  de Alfons Mucha




Febrero es luz en círculo desnuda...
Entrando en él, un tallo al sur del círculo
su diámetro erecto multiplica:
¡prende a un trigal su pacto con el viento!


(PRADOS, Emilio. Circuncisión del sueño. Valencia: Pre-textos, 1981, p. 27.)