La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 feb. 2015

La mirada

En la cuna de Afrodita (1908)de Lawrence Alma-Tadema
A veces pierdo la mirada:
se va por otros derroteros,
escapa de los iris y se aleja
dejándome vacía, sin paisaje.

Yo sé que necesita otras esquinas,
otras alturas desde dónde otear;
que las cuencas de mis ojos
le resultan estrechas, limitadas.

Y por eso se lanza,
            con avidez de luna,
a un camino sin márgenes ni trazos.

Y cuando regresa
            -porque siempre vuelve-,
se desliza y se posa con paciencia,
me cuenta susurrando el recorrido:
dice de cielos nuevos con sus nubes,
trozos de sol, sonrisas, pieles, llantos,
heridas en el agua, sonidos de sirenas,
y alguna voz grabada que ilustra con un rostro.

Y yo quedo asombrada
de saberme tan corta, tan pequeña;
de no poder ser tiempo, sólo olvido,
de estar pisando tierra, no ser hoja.

Y todos los sentidos se me agolpan:
la mirada que ha vuelto los reúne,
los alienta con brillos y con olas;
entonces yo despierto del letargo,
abro los ojos, cierro los miedos
y salgo en busca de paisajes.



Neposkná Dinesen

17 feb. 2015

Božena Němcová



            «[...] Fue su marido quien introdujo a Božena, quien hablaba solamente alemán en casa, en los círculos patrióticos checos; de modo que ella, que se convirtió después de su muerte en un verdadero mito nacional, comenzó a leer en checo y a aprender la ortografía y la gramática relativamente tarde.

            La bella Božena se inició en el oficio de escritora bajo la influencia del joven poeta Václav Bolemír Nebeský. Él no fue su único amante, como le confesó a su marido en una carta de sorprendente franqueza. Sus relaciones, sin embargo, no le aportaron más que decepción y cólera: “He buscado vanamente un amor parecido al que experimentaba yo misma. Quería un hombre al que hubiera podido venerar, (...) pero en los hombres encontré sólo déspotas groseros, sólo señores (...). La amargura y la porfía se anidaron en mi corazón. Habéis poseído mi cuerpo, mis actos, mi sinceridad, pero mis deseos han vagabundeado a lo lejos”. Su balance:  “Yo (...) quería llenar ese vacío de mi corazón, pero no sabía cómo”. Cuando Božena llegó al límite de la desesperación, descubrió entonces, como un peregrino que vaga en la tinieblas, otra estrella de amor, como le escribió a un amigo: “Ella ha iluminado mi camino y yo la he seguido”. Esa estrella era la literatura».



(BOLLMANN, Stefan. Las mujeres que escriben también son peligrosas. 2ª ed. Madrid: Maeva, 2007, p. 67)

10 feb. 2015

Lo que el invierno ofrece



«Cuando el suelo queda parcialmente libre de nieve y su superficie se ha secado algo por efecto de los días tibios, me era grato buscar las primeras señales del tiempo nuevo que atisbaban apenas al exterior entre la majestuosa belleza de la vegetación ya marchita que logró resistir el invierno: siemprevivas, olidagos, junquillos y las graciosas gramíneas salvajes, más visibles y a menudo más graciosas que en verano, como si su belleza no madurase hasta entonces; igual ocurre con la planta del algodón, la espadaña, el verbasco, la candelaria, el corazoncillo, la espirea y otras plantas de tallo duro, graneros inagotables que alimentan a los primeros pájaros recién llegados, plantas discretas como velo de viuda para la naturaleza invernal. Mis preferencias se inclinan hacia los juncos de tallo inclinado, con su punta en forma de haz, que nos traen durante el invierno el recuerdo del estío, a los cuales gusta de imitar el arte, y que dentro del reino vegetal guardan en la mente del hombre igual relación que la astronomía. Es un estilo antiguo, más viejo que el de Grecia o Egipto. Muchos de los fenómenos invernales nos sugieren una ternura y una frágil delicadeza inexplicable. Estamos acostumbrados a ver en el invierno un tirano violento y tumultuoso, cuando en realidad adorna las trenzas del verano con la dulzura de un amante».




(THOREAU, Henry David. Walden o la vida en los bosques. Barcelona: Juventud, 2010, p. 379-380.)

6 feb. 2015

Signos e indicios del Destino

Belleza abstracta (1),  de Li-Shu Chen
«En la vida existe un valor que permanece muchas veces invisible para los demás, pero que el hombre escucha en lo hondo de su alma: es la fidelidad o traición a lo que sentimos como un destino o una vocación a cumplir.

El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto, sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.

Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.

El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con un rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizás más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos que nuestra voluntad consciente.

En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo. Mi memoria está compuesta de fragmentos de existencia, estáticos y eternos: el tiempo no pasa, entre ellos, y cosas que sucedieron en épocas muy remotas entre sí están unas junto a otras vinculadas o reunidas por extrañas antipatías y simpatías. O acaso salgan a la superficie de la conciencia unidas por vínculos absurdos pero poderosos, como una canción, una broma o un odio común. Como ahora, para mí, el hilo que las une y que las va haciendo salir una después de otra es cierta ferocidad en la búsqueda de algo absoluto, cierta perplejidad, la que une palabras como hijo, amor, Dios, pecado, pureza, mar, muerte».


(SÁBATO, Ernesto. La resistencia : una reflexión sobre la globalización, la clonación, la masificación. Barcelona:  Seix Barral, 2003, p. 25-27.)