La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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2 dic. 2017

Pronto estará aquí el vencedor del invierno



Pronto estará aquí el vencedor del invierno;
Montañas Dolomitas (Italia)
Pronto estas ligaduras de hielo desatarán y fundirán
            Un momento,
Y el aire, el suelo, la ola, bañados estarán de dulzura, de
            Flores y de vida – mil formas surgirán,
De esta tierra muerta y de estos hielos, como de sepulturas
            Escondidas,
Tus ojos, tus oídos – todos tus nobles atributos – todo lo que goza de la belleza natural,
Despertarán y se llenarán. Tú reconocerás los espectáculos
            Sencillos, los milagros delicados de la tierra,
Los amargones, el trébol, la hierba de esmeralda, los perfumes 
y las flores tempranas,
El madroño reptante, el sauce amarillo verdoso, el ciruelo y
            el cerezo en flor;
Con ellos el petirrojo, la alondra y el zarzal cantando sus
            canciones – el azulejo revolando;
Porque tales son los espectáculos que tra el drama anual.



(WHITMAN, Walt. Hojas de hierba. Barcelona: Tesys,1986, p. 674.)


Etiquetas: Invierno, Naturaleza,  Poesía norteamericana, Walt Whitman

30 nov. 2017

Aprendizaje lector


Book of books, de Vladimir Kush

   «Nathanael se encontró a gusto en casa del maestro, pese  a las bofetadas y golpes que llovían sobre los alumnos. Pronto le encargaron que enseñase el alfabeto a los más pequeños de sus condiscípulos, pero lo hacía muy mal, y nunca hallaba el momento oportuno para golpear con la regla de hierro los dedos de los chicos. No obstante, su aire de dulzura y su atención servían para que cundiese el buen ejemplo entre los muchachos de su edad. Por la tarde, cuando ya se habían marchado los colegiales, el maestro le permitía leer: en verano, mientras había luz, en el jardín, y en invierno, al resplandor de la lumbre, en la cocina. La escuela poseía unos cuantos libros gruesos que el maestro juzgaba valiosos y de lectura harto difícil para entregársela a la caterva de colegiales, que pronto los habrían hecho pedazos. Allí había un Cornelius Nepos, un tomo descabalado de Virgilio, otro de Tito Livio, un Atlas donde se veía Inglaterra y los cuatro continentes con el mar alrededor, y delfines en el mar, así como  un planisferio celeste sobre el cual hacíael niño muchas preguntas que el maestro no siempre sabía contestar. Entre los libros menos serios, había varias obras de un tal Shakespeare, que habían obtenido grandes éxitos en sus tiempos, y la novela de Perceval, impresa en caracteres góticos muy difíciles de descifrar. El maestro le había comprado todo aquello a bajo precio a la viuda de un vicario de la vecindad, para quien los únicos libros estimables eran los sermones de su difunto marido. Nathanael aprendió de esta suerte a hablar un inglés muy puro, aunque en su casa lo destrozaban, y también un poco de latín, para el que tenía bastante facilidad. Al maestro le gustaba hacerle trabajar, pues tenía pocas ocasiones de ejercitar su propio talento, desde que ya no daba clase en un buen colegio de Londres. Era implacable con la gramática y acompañaba a Virgilio golpeando acompasadamente con el índice la tabla de su pupitre».


(YOURCENAR, Marguerite. Como el agua que fluye. 1ª ed., 6ª reimp. Madrid: Alfaguara, 1989, p. 84-85.)

24 nov. 2017

De la brevedad de la vida



«No hay quien pueda restituirte los años, y ninguno te restituirá a ti mismo, la edad proseguirá el camino que comenzó, sin volver atrás ni detenerse; no hará ruido ni te advertirá de su velocidad; pasará con silencio, no se prorrogará por mandado de los reyes ni por el favor del pueblo; correrá desde el primer día como se le ordenó; en ninguna parte tomará posada ni se detendrá. ¿Qué se seguirá de esto? Que mientras tú estás ocupado, huye aprisa la vida, llegando la muerte, para la cual, quieras o no, es forzoso desocuparte [...] En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es vivísimo, el futuro dudoso, el pasado cierto». 

(SÉNECA, Lucio Anneo. Tratados filosóficos; Cartas. 8ª ed. México: Porrúa, 2003, p. 126-127.)