La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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22 feb. 2018

El encuentro


Adan y Eva  (1909),  de Edvard Munch

   «No me reconociste entonces. Y cuando dos días más tarde tu mirada me envolvió con una cierta familiaridad al volver a encontrarnos, no reconociste en mí a aquella niña que te había querido y a la que habías hecho despertar, sino sólo a la hermosa joven de dieciocho años que se había cruzado en tu camino dos días antes en ese mismo lugar. Me miraste agradablemente sorprendido, se te escapó una leve sonrisa. Volviste a pasar de largo pero retrocediste enseguida: yo temblaba, estaba exultante de alegría, rogaba que me hablases. Noté que estaba viva para ti por primera vez y ralenticé el paso, no te evité. De repente te sentí justo detrás de mí sin necesidad de darme la vuelta y supe que, por primera vez, escucharía tu adorable voz dirigida hacia mí. La expectativa era paralizante, creí que iba a tener que detenerme de tantos martillazos que me daba el corazón, y entonces apareciste a mi lado. Me hablaste como lo haces tú normalmente, de manera desenfadada y alegre, como si fuéramos amigos desde hacía años –ay, y no tenías la más mínima idea de mí, nunca fuiste consciente de lo que había sido mi vida–. Me hablaste de forma tan seductora y natural, que hasta fui capaz de responderte. Caminamos juntos hasta el final de la calle. Me preguntaste si quería que fuésemos a cenar juntos y acepté. ¿Me habría atrevido yo a negarte algo?».


(ZWEIG, Stefan. Carta de una desconocida. 15ª ed. Barcelona: Acantilado, 2002, p. 34-35.)

13 feb. 2018

La mal llamada "sociedad libre"



Bond of union  (1956),  de M.C. Escher

«Ni los nacionalismos agresivos ni los excesos del mercado agotan la nómina de los males que nos afligen. Nos sentimos orgullosos, con razón, de nuestras libertades, entre ellas la de opinión. Pero ¿para qué sirven hoy nuestros poderosos medios de publicidad si no es para propagar y predicar un chato conformismo? Para Goethe la lectura de los periódicos era un rito; medio siglo después, para Baudelaire, era una abominación, una mancha que había que lavar con una ablución espiritual. Nosotros estamos encerrados en esa cárcel de espejos y de ecos que son la prensa, la radio y la televisión que repiten, desde el amanecer hasta la media noche, las mismas imágenes y las mismas fórmulas. La civilización de la libertad nos ha convertido en una manada de borregos. Pero  borregos que son también lobos. Uno de los rasgos en verdad desoladores de nuestra sociedad es la uniformidad de las conciencias, los gustos y las ideas, unida al culto a un individualismo egoísta y desenfrenado».

(PAZ, Octavio. Itinerario. 1ª ed., 3ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica, 1998, p. 122-123.)

3 feb. 2018

Atardecer


Bosque de Allerbos (Bélgica)

   «El atardecer temprano de febrero se asomó, cansado y huraño, a la habitación 12, con ojos de penitente enrojecidos por el llanto. Las paredes grisáceas de la habitación parecían diluirse en la penumbra del mismo color y la cruz de madera negra flotaba en el aire. Las camas de hierro sólo eran visibles como contornos borrosos. La atmósfera crepuscular gravitaba como un encantamiento sobre los niños que compartían de dos en dos cada lecho. En algún rincón oscuro lloraba en voz baja una niña desconsolada, otra hablaba con voz suave y cuidadosa como si estuviese junto a la cama de su madre enferma, y una niña pequeña cerca de la ventana estaba en la almohada con los brazos alrededor de las rodillas. Su perfil y el hombro redondeado se destacaban nítidamente sobre la ventana de color gris pálido. Y el aire saturado de fenol era tan denso que parecía que las tímidas palabras de la niña que estaba hablando rebotaban en él y sólo el llanto oculto que venía del rincón oscuro se clavaba con tonos agudos en la penumbra. Así es en el bosque en los atardeceres nebulosos de principios de otoño: las voces del arroyo y de la hierba se pierden en el mar de las brumas y sólo el quejido de las cimas de los árboles atormentados por el viento vibra a través del bosque solitario».


(RILKE, Rainer Maria. A lo largo de la vida: historias cortas y apuntes. 2ª ed. Barcelona: Alba Editorial, 1999, p. 85-86.)