La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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24 jun. 2015

Un momento para cada lectura


Llegan las vacaciones y la lista de cosas pendientes no para de crecer: maletas, ordenar fotos, poner al día tu hobby... No te preocupes, te contamos los momentos ideales para detener el tiempo y dedicarte unos minutos a ti y a la lectura.

A primera hora de la mañana, mientras el resto de la casa todavía duerme, puede ser un momento perfecto para prepararte un buen desayuno y rescatar de la mesita de noche esa novela de misterio que te dejó con la intriga en el último capítulo.

A media mañana, entre chapuzones y baños no puede faltar en tu bolsa una novela de evasión, para soñar con aventuras en islas perdidas aunque estés en la piscina hinchable del jardín.

Por la tarde, un poco de relax para hacer la digestión y disfrutar del último gran éxito literario que te regalaron en tu cumpleaños o en Navidades y que tanto te han recomendado tus amigos. ¡No esperes más para empezarlo!

Tras pasar la mañana en remojo, los hijos o sobrinos se han levantado de la siesta con ganas de marcha. No sufras, ten preparada una lectura divertida y pasa una tarde entretenida viviendo aventuras con Nana o viajando en un barco pirata con los monstruos más escalofriantes.

Si al final de la jornada te invitan a cenar, no dudes en presentarte con uno de tus libros bajo el brazo y harás las delicias del cumpleañero o la anfitriona. Y si estas vacaciones te vas lejos de viaje y no tienes tanto espacio en la maleta...prepara tu lector electrónico y ¡cárgalo con los mejores ebooks!


¡Feliz verano y felices lecturas!

Ahoj!

14 jun. 2015

La Belleza y la Libertad

En una calle de San José (Costa Rica)

«El espíritu histórico y el artista quieren, cada uno a su modo, rehacer el mundo. El artista, por una obligación de su naturaleza, conoce los límites que el espíritu histórico desconoce. He ahí por qué el fin de este último es la tiranía en tanto que la pasión del primero es la libertad. Todos aquellos que hoy luchan por la libertad vienen a combatir en última instancia por la belleza. Desde luego que no se trata aquí de defender a la belleza por ella misma. La belleza no puede prescindir del hombre y nosotros no daremos a nuestro tiempo su grandeza y su serenidad si no es siguiéndolo en su desdicha. Ya nunca seremos solitarios,pero no es menos cierto que tampoco el hombre puede prescindir de la belleza y esto es lo que nuestra época parece querer ignorar. Nuestro tiempo se empeña en alcanzar lo absoluto y el imperio de las cosas. Quiere transfigurar el mundo antes de haberlo agotado, ordenarlo antes de haberlo comprendido. Diga nuestro tiempo lo que dijere, lo cierto es que deserta del mundo. Ulises retenido por Calipso pudo elegir entre la inmortalidad y la tierra de su patria. Eligió la tierra y con ella la muerte. Una grandeza tan sencilla nos es hoy ajena. Otros dirán que nos falta humildad. Pero esta palabra a decir verdad, resulta ambigua. Semejantes a esos bufones de Dostoyevski [sic] que se vanaglorian de todo, que saben hasta las estrellas y terminan por hacer gala, en el primer lugar público, de su vergüenza, carecemos únicamente del orgullo de hombres que significa fidelidad a sus propios límites, amor sereno y consciente por su propia condición».



(CAMUS, Albert. El verano. Buenos Aires: Sur, 1958, p. 42-44.)



3 jun. 2015

Noches del mes de junio

Alguna vez recuerdo
Sol ardiente (1895), de Frederic Leighton
ciertas noches de junio de aquel año, 
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
                               porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba, 
                                                            nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
                                            y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
         o soñé con venderme al diablo, 
que nunca me escuchó.
                                       Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.


(GIL DE BIEDMA, Jaime. Noches del mes de junio. EN: Las ínsulas extrañas: antología de poesía en lengua española (1950-2000). Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2002, p. 573-574).