La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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29 nov. 2016

La voz de la lluvia







¿Y quién eres tú?, le dije al aguacero que caía suavemente,
Y, cosa extraña, me dio la respuesta que así traduzco:
Soy el Poema de la Tierra, dijo la voz de la lluvia,
Eternamente me elevo impalpable desde la tierra y desde el
mar sin fondo.
Hacia el cielo, de donde, formada vagamente, cambiada del
todo y, no obstante, la misma,
Desciendo a bañar las sequías, átomos, acumulaciones de
polvo del globo,
Y siempre, de día y de noche, devuelvo la vida a mi propio
origen y lo purifico y lo hermoseo
(Porque la canción, brotando del lugar de su nacimiento, ya
cumplida, errante,
Atendida o desdeñada, vuelve a su tiempo con el amor).



(WHITMAN, Walt. Hojas de hierba. Barcelona: Tesys,1986, p. 673.)

23 nov. 2016

Diálogo en el bosque



¿Fue posible que yo no te supiera

cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas.

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.



(GIL DE BIEDMA, Jaime. Las personas del verbo.Palencia: Cálamo, 2009, p. 38)

18 nov. 2016

La intimidad de la lectura



    «Si pensamos en la parte de las grandes lecturas que debemos a la Escuela, a la Crítica, a todas las formas de publicidad, o, por el contrario, al amigo, al amante, al compañero de clase, o a veces incluso a la familia –cuando no coloca los libros en el estante de la educación–, el resultado es claro: las cosas más hermosas que hemos leído se las debemos casi siempre a un ser querido. Y a un ser querido será el primero a quien hablemos de ellas. Quizá, justamente, porque lo típico del sentimiento, al igual que del deseo de leer, consiste en preferir. Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias a los que preferimos. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. Estamos habitamos por libros y por amigos».


(PENNAC, Daniel. Como una novela. 8ª ed. Barcelona: Anagrama, 2001, p. 84.)