La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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8 oct. 2011

¿Cuánta tierra necesita un hombre?


   «Pajom, el dueño de la casa, estaba tumbado en lo alto de la estufa y escuchaba lo que decían las mujeres.
   Es la pura verdad – exclamó. Ocupados desde pequeños en cultivar a nuestra madre tierra, no tenemos tiempo de pensar siquiera en tonterías. ¡La única pena es que disponemos de poca tierra! ¡Si tuviera toda la que quisiera, no tendría miedo a nadie, ni siquiera del diablo!
   Las mujeres acabaron de beber el té, charlaron un rato de vestidos, recogieron la vajilla y se fueron a la cama.
   El diablo se había sentado detrás de la estufa y lo había escuchado todo. Se había alegrado de que la mujer del campesino hubiera inducido a su marido a alabarse: se había jactado de que, si tuviera mucha tierra, no temería ni siquiera al diablo.
   De acuerdo – pensó el diablo. Haremos una apuesta tú y yo: te daré mucha tierra y gracias a ella te tendré en mi poder».


(TOLSTÓI, Lev. ¿Cuánta tierra necesita un hombre? Madrid: NordicaLibros, 2011, p. 13.)


  Escrito en 1886, ¿Cuánta tierra necesita un hombre? es una modernísima parábola sobre la ambición del ser humano. Pajom es un campesino al que ninguna extensión de tierra le satisface: cuanta más tiene, más necesita. Al conocer que los habitantes de una lejana región, los bashkirios, le ofrecen tanta tierra como pueda recorrer en un día, no lo dudará e intentará abarcar la mayor cantidad posible...

  La prosa de Tolstói – decía Nabokov – late al ritmo del corazón. Elena Odriozola, Segundo Premio Nacional de Ilustración 2006, ha captado ese pulso narrativo y nos lleva con sus imágenes a la tierra que vio nacer a Pajom, permitiéndonos acompañarle en su viaje por la estepa rusa, marcado por el ritmo de su codicia. Las vacas serán testigo de ese afán.



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