La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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27 jul. 2014

Fuente

Simmetry 3,  de M.C. Escher
La ciudad sigue en pie.
Tiembla en la luz, hermosa.
Se posa el sol en su diestra pacífica.
Son más altos, más blancos los chorros de las fuentes.
Todo se pone en pie para caer mejor.
Y el caído bajo el hacha de su propio delirio se levanta.
Malherido, de su frente hendida brota un último pájaro.
Es el doble de sí mismo,
el joven que cada cien años vuelve a decir unas
            palabras, siempre las mismas,
la columna transparente que un instante se oscurece
            y otro centellea,
según avanza la veloz escritura del destino.
En el centro de la plaza la rota cabeza del poeta
            es una fuente.
La fuente canta para todos.


(PAZ, Octavio. La estación violenta. 1ª ed., 10ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 21-22.)


            En La estación violenta Octavio Paz expresa sus experiencias frente a la historia, la ciudad, el paisaje y la comunidad con sus semejantes. No sólo conjuga el gusto por la belleza y los conflictos de su época, sino que da testimonio acerca de la dignidad humana. La vida del poeta y la vida histórica, en lucha y hermandad, son abordadas mediante una actitud que aúna la pasión y la razón, la acción y la reflexión, en imágenes que, además de cumplir con el oficio del canto, se deslizan hasta tocar cuestiones decisivas para la responsabilidad del intelectual.

            El tiempo  - tanto el personal como el histórico - es el tema predominante en este libro. En un transcurrir al que poeta interroga, se enmarcan el placer y los trabajos, la desdicha solitaria y la comunicación. A tal propósito, la palabra se torna en acto, en participación, o es la protesta ante el oprobio en la sociedad a la vez que se convierte en confesión y desahogo, en relato y denuncia.

21 jul. 2014

El amor a la cultura

El primer paso (1909), de František Kupka
«El secreto para mantenerse a flote en una sociedad tan compleja como la nuestra es tener cultura, porque supone conocimiento de la realidad, criterio para saber a qué atenerse por encima de cualquier vicisitud. La cultura es más una forma de ser que de tener. Su definición no se limita a la acumulación de conocimientos más o menos inconexos, sino a la posesión de criterios de conducta que pretenden construir un hombre más completo. La cultura nos ayuda a dar con el justo equilibrio entre la defensa de las propias raíces y las innovaciones que han ido aflorando, para poder circular libres y sin ataduras.
   La cultura es abrir los ojos y procurar tener respuestas para lo que sucede, buscando argumentos del pasado y del presente que lo puedan explicar. [...]
   La cultura del amor es aquella que sirve como recinto de criterios sentimentales, donde se albergan dos ideas básicas: el saber a qué atenerse, por una parte, y el tener una interpretación coherente y humana de los elementos de este sentimiento, por otra. Ambos aspectos fundamentan al ser humano en una de las principales raíces: la afectividad.
   Cada persona adecua su amor según la cultura y la educación sentimental que ha recibido. Es el resultado de lo que hay dentro de cada uno. Aspirar a conocer los sentimientos en general y los propios en particular es una tarea obligada; conocer y conocerse».


(ROJAS, Enrique. El amor inteligente. 2ª ed. Madrid: Temas de hoy, 1997, p. 214-215.)

6 jul. 2014

El valor de la vida


«Por hermosos que sean, no pueden conservarse los momentos del pasado.
Por gozosos que sean, no pueden guardarse los momentos del presente.
Por deseables que sean, no pueden atraparse los momentos del futuro.
Pero la mente se desespera por fijar el río en un lugar: poseída por las ideas del pasado, preocupada por las imágenes del futuro, pasa por alto la simple verdad del momento.
Quien pueda disolver su mente descubrirá de repente el Tao a sus pies, y tendrá la claridad a mano».



(LAO-TSE. Hua Hu Ching. Madrid: Edaf, 1995, p. 40)