La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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30 abr. 2015

Escribir sí



  
«Ganesha es panzón, por lo mucho que le gustan los caramelos, y tiene orejas y trompa de elefante. Pero escribe con manos de gente.

   Él es maestro de iniciaciones, el que ayuda a que la gente empiece sus obras. Sin él, nada en la India tendría comienzo. En el arte de la escritura, y en todo lo demás, el comienzo es lo más importante. Cualquier principio es un grandioso momento de la vida, enseña Ganesha, y las primeras palabras de una carta o de un libro son tan fundadoras como los primeros ladrillos de una casa o de un templo».


(GALEANO, Eduardo.  Espejos : una historia casi universal. México: Siglo XXI, 2008, p.16.)

26 abr. 2015

¿No hay salida?

Luna verde (1972), de Joan Miró
En duermevela oigo correr entre bultos adormilados
y ceñudos un incesante río.
Es la catarata negra y blanca, las voces , las risas,
los gemidos del mundo confuso, despeñándose.
Y mi pensamiento que galopa y galopa y no avanza,
también cae y se levanta.
y vuelve a despeñarse en las aguas estancandas del lenguaje.
¡Palabras para sellar al mundo con un sello indeleble
o para abrirlo de par en par,
sílabas arrancadas al árbol del idioma, hachas
contra la muerte, proas donde se rompe la gran ola del vacío,
heridas, surtidores, conos esbeltos que levanta el
insomnio!
Hace un segundo habría sido fácil coger una palabra
y repetirla una vez y otra vez,
cualquiera de esas frases que decimos a solas en
un cuarto sin espejos
para probarnos que no es cierto,
                                               que aún estamos vivos,
pero ahora con manos que no pesan la noche
aquieta la furiosa marea
y una a una desertan las imágenes, una a una las
palabras se cubren el rostro.


(PAZ, Octavio. La estación violenta. 1ª ed., 12ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 37-38.)

23 abr. 2015

Dos clases de libros



«Pero quizá diréis que las personas vivas hablan de cosas actuales y que tienen un interés inmediato para vosotros, y por eso es por lo que deseáis oírlas. No; no puede ser así, porque las mismas personas vivas os hablarán de las cosas actuales mucho mejor en sus escritos que en sus conversaciones descuidadas. Aun admito que este motivo influya en vosotros al preferir esos escritos efímeros y rápidos a los lentos y duraderos – a los libros, propiamente dichos. Pues todos los libros se pueden dividir en dos clases: los libros del momento y los libros de todo tiempo. Tomad nota de esta distinción: no es sólo de calidad. No es simplemente el libro malo el que no dura y bueno el que permanece. Es una diferencia de especie. Hay libros buenos para el momento y libros buenos para siempre, libros malos  para el momento y malos para siempre. Debo definir estas dos clases de libros antes de pasar más adelante».


(RUSKIN, John. Sésamo y lirios: ensayos sociales. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1950, p. 39-40).

8 abr. 2015

Libertad




Concentrics rinds I  (1953),  de M.C. Escher

«Pues el hombre está sometido en principio a la libertad y al tiempo. A la libertad porque como dice la Razón Vital: «Somos necesariamente libres». Y al tiempo, porque es el medio de la vida. Mas no basta ser necesariamente algo para serlo como se debe. Se es libre aunque no se quiera, cierto es y aunque no se sepa. Mas no es la misma libertad la del que se sabe que la tiene, ni la del que sabe tenerla».





(ZAMBRANO, María. Persona y democracia. 2ª ed. Madrid: Siruela, 2004, p. 114.)

5 abr. 2015

El destino del libro

   «–Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada
Librería Lello&Irmao, en Oporto (Portugal)
libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel, ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?».



(RUIZ ZAFÓN, Carlos. La sombra del viento. 39ª ed. Barcelona: Planeta, 2004, p. 9-10.)