21 abr. 2012

Del poco dormir y del mucho leer


   «En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y aséntosele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo».


(CERVANTES, Miguel de.  El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Parte I. Barcelona: Círculo de Lectores, 1982, p. 65.)


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