La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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30 oct. 2012

Quehaceres


El sueño del poeta  (1859-60)de Paul Cézanne
«El poeta es el que escucha su propio interior, ahonda en el pozo de lo secreto, se hunde en la noche del ser –abocado a la muerte– y, entregado al silencio, abraza esa incomprensible forma de aurora o resurrección que es la palabra, una palabra que con frecuencia le escapa. El poeta se mueve siempre en el terreno de lo imposible. Por ello escribió Elitis: “Nadie está obligado a interesarse por la poesía. Sin embargo, cuando se interesa por ella está obligado a “saber transportarse” a esta segunda condición, a caminar por el aire y por el agua”. Por esos imposibles avanza el poeta gracias a la claridad triunfante que aniquila los poderes de las tinieblas, aunque la victoria requiera esa muerte previa, ese despojamiento y ese abandono al “saber del no saber”, de modo que su rebeldía ante la razón y esa desesperación que se ha convertido en su “forma de ser” se transformen en serenidad. El poeta adivina la posibilidad de la luz en su renacer después de la negrura nocturna y se dispone a recibirla, pero sabe que ésta es un don, algo que le es dado, cuyo alcance es ajeno a su voluntad, y sabe también que él sólo puede seguir siempre cruzando la noche en pos del alba».


(JANÉS, Clara. La palabra y el secreto. Madrid: Huerga y Fierro, 1999, p. 135.)



   

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