La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

27 mar. 2017

Sólo en sus sueños eres algo


   «–Ahora está soñando –dijo Tweedledee–, pero..., ¿sabes lo que sueña?

–No creo que nadie pueda saberlo –supuso Alicia.

–¡Claro que puede saberse! Está soñando contigo –exclamó con gesto triunfal Tweedledee, al mismo tiempo que batía las palmas–. Pero aún hay más... Si dejara de soñar contigo, ¿puedes suponer dónde estarías?

–Pues donde estoy ahora, como es natural... –dijo Alicia.

–¡Ni hablar! –replicó desdeñosamente Tweedledee–. No estaría en ninguna parte... por la sencilla razón de que sólo en sus sueños eres algo y existes de alguna manera, ¿comprendes?

–No. No puedo comprender una tontería como ésa –dijo Alicia.

–Si el Rey se despertase ahora –aseguró Tweedledee–,tú te esfumarías... ¡puf!, como la llama de una vela.

–¡No, no me esfumaría! –replicó Alicia–. Si yo sólo soy algo en sus sueños, me gustaría saber lo que son ustedes...

–Idem –dijo Tweedledum.

–Idem, ídem –añadió Tweedledee.

Y como dijeron su “idem” gritando, Alicia les dijo:

–No chillen así, que van a despertarle...

–Es inútil que tú hables de despertarle –dijo Tweedledum–, teniendo en cuenta que no eres más que una parte de su sueño. En el fondo sabes muy bien que no eres real.

–Soy real –protestó Alicia.

Y se puso a llorar desconsoladamente».





(CARROLL, Lewis. Alicia en el País de las Maravillas. Barcelona: Bruguera, 1972, p. 230-231.)


No hay comentarios:

Publicar un comentario