La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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22 nov. 2015

El placer de la música




Santa Cecilia  (1895),  de John William Waterhouse

   «Me quedaban las noches. Me concedía, cada noche, unos minutos de música para mí solo. Es cierto que el placer solitario es un placer estéril, pero ningún placer es estéril cuando nos reconcilia con la vida. La música nos transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transformara en lago. Volvía tarde y no podía ponerme a tocar una música demasiado ruidosa; además, nunca me ha gustado. Me daba cuenta de que, en la casa, sólo toleraban la mía y, sin duda, el sueño de la gente cansada vale más que todas las melodías posibles. Así fue, amiga mía, cómo me acostumbré a tocar siempre con sordina, como si temiera despertar a alguien. El silencio, no sólo compensa la impotencia del lenguaje, sino también, para los músicos mediocres, la pobreza de los acordes. Siempre me ha parecido que la música debería ser silencio, el misterio de un gran silencio que buscara su expresión. Véase, por ejemplo, una fuente: el agua muda llena los conductos, se acumula, desborda y la perla que cae es sonora. Creo que la música debería ser el desbordamiento de un gran silencio».


(YOURCENAR, Marguerite. Alexis o el tratado del inútil combate.  Madrid: Alfaguara, 1992, p. 108-109.)

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