La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

4 dic. 2016

Una princesa en Berlín

Boring dolls (c.a. 1929), de Jeanne Mammen
   «Yo ya estaba en pie y me dirigía hacia la puerta.
   –Barón Von Waldstein...
   También él se puso de pie y tiró del cordón de la campanilla.
   –Será mejor que me marche, señor.
   –Sí, pero no del todo solo. Un momento, por favor. –Me tomó con fuerza del codo.
   El mismo criado apareció en la puerta. Su expresión cambió un poco cuando vio mi cara.
   –Traiga el paquete para el señor Ellis. Creo que lo pusieron en el cuarto ropero...
   El sirviente desapareció otra vez y el barón, todavía con la mano en mi codo, me guió suavemente fuera de la habitación, por el salón y hacia el árbol de Navidad, punto exacto donde, un año atrás, me había regalado la botella con el velero dentro. ¿Dónde había dejado yo aquella botella?
   –Tenemos un regalo de Navidad para usted –dijo cuando apareció el criado con un paquete grande y delgado, envuelto en papel color marrón.
   El criado no sabía qué hacer con él.
   –Póngalo en el sofá y desenvuélvalo con mucho cuidado –dijo el barón.
   El sirviente desató el cordel y dobló hacia atrás el grueso papel de envolver para descubrir a Bärbel, completamente desnuda, con excepción de una media negra, ocupada en ponerse la otra.
   –Esa pintura no está terminada –dije, ahogando una exclamación–. No la terminé, él se la llevó y la vendió...
   –Al parecer, Max Liebermann cree que está terminada.
   –¿Cómo, señor?
   –La vio en una galería y la compró. Para mí. Y permítame asegurarle que no compra cuadros muy a menudo; los vende. A decir verdad, también éste me lo vendió. Dice que demuestra el desarrollo de un estilo propio en usted. Dice que es más impresionante que el que hizo usted de Lili. Por supuesto, usted ha podido mostrar mucho más de esta dama, y Liebermann todavía tiene buen ojo para eso. Quizá el título le haya hecho gracia.
   –No tiene título...
   –Sí que lo tiene. –Nos acercamos más. El criado apartó el papel de la parte inferior del marco oscuro y sencillo, y vi un pequeño rótulo con letras Art Nouveau de antes de la guerra: Prinzessin in Berlin».


(SOLMSSEN, Arthur R.G.  Una princesa en Berlín. 2ª ed. Barcelona: Tusquests, 2012, p. 482-483.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario