La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 jun. 2013

Segovia: lugar de la palabra

Alcázar de Segovia,  de Li-Shu Chen
   «Lo propio de una ciudad ha de ser algo que encierre una exigencia constante y que sea al par una dádiva. Un don de esos que obligan al que lo recibe sin que él se dé cuenta o sin que sea necesario que se la dé. Algo inmaterial y que se corporeíza, algo trascendente y que se convierte en pan de cada día. Algo que corresponde, que ha de corresponder, a los elementos esenciales que forman la figura, el cuerpo, la fisonomía de la ciudad.
   Una especial luz asiste a ciertas veras ciudades; una luz que sólo allá se da, que conserva su identidad a través de innumerables ciclos de variaciones; una luz que, como es vida, tiene su pasión y que llega a las cosas de una cierta manera. No cae la luz en Segovia: la ciudad toda se alza hasta ella, la alcanza en su crecimiento hasta llegar al nivel en que esa luz se da. No la persigue como Toledo, ni está a punto de abrasarse en ella como en Cuenca, ni de desleírse en ella, como en Granada. Entra en el nivel de la luz simplemente, como si hubiera sido plantada, como esos árboles que crecen hasta que la encuentran y allí se quedan sin avidez ni esfuerzo; temblando, eso sí».


(ZAMBRANO, María. España, sueño y verdad. Barcelona: Edhasa, 1982, p.  195-196) 

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