4 may 2023

Viajes en el espacio y en el tiempo

Departure of the Winged Ship (2000),
de Vladimir Kush
«Siempre ha habido muchas razones para viajar, de las cuales la más simple –y ya compleja– consiste en hacerlo por la ganancia y por la aventura, dos móviles difícilmente separables incluso en el caso de los mercaderes de
Las mil y una noches y en el de Marco Polo. Para convertir a una religión, en la que uno cree, a otros hombres supuestamente sumidos en la noche de la ignorancia, como los franciscanos que penetraron en el imperio mongol, Francisco Javier en el Japón o asimismo los monjes hindúes que evangelizaron China, o los monjes chinos de camino hacia el Japón. Hay otros casos en que se viaja para regresar, como Ulises, a una patria perdida o –como lo hacían, al parecer, los grandes navegantes primitivos– con la esperanza de encontrar una isla más favorable que aquella que abandonaban. Muy pronto, a esos motivos viene añadirse un nuevo móvil: la búsqueda del conocimiento. Ulises, como tan bien lo vio el poeta griego moderno Kavafis, encuentra, en las numerosas escalas que lo separan de Ítaca, una ocasión para instruirse y gozar de la vida. Los viajes en busca de conocimiento son de todos los tiempos: conocemos aquellos, a menudo legendarios, de los sabios griegos a Egipto, de los romanos a Grecia, de los japoneses a Corea o a China, de los filósofos occidentales de la Edad Media al mundo musulmán y a Asia. El viaje a lejanas regiones se convirtió en un ingrediente casi indispensable de la vida de los filósofos, ya se tratara de Solón o de Paracelso. En todos los casos, se trata de informarse acerca del mundo tal cual es y de instruirse también ante los vestigios de lo que ha sido».



(YOURCENAR, Marguerite. Una vuelta por mi cárcel. Madrid: Alfaguara, 1993, p. 173-174).

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