La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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11 ago. 2015

Mohandas Karamchand




La paloma de la paz (1949),  de Pablo Picasso

«Gandhi ocupa el primer puesto en esa serie de grandes teóricos activistas que han cambiado la faz de nuestro mundo y la forma de nuestro pensamiento en el curso del presente siglo. En 1894, nueve años antes de que Lenin formase el grupo bolchevique dentro del Partido Social Demócrata Ruso y veinticinco años antes de que Mao Tse Tung hiciera suya la revolución como forma de vida, comenzó Gandhi sus actividades entre los indios que soportaban en Sudáfrica una existencia marginal y oprimida como comerciantes y trabajadores eventuales. Combinando la teoría con la experiencia, ideó sus propias técnicas de lucha basadas en las condiciones objetivas existentes, y, en 1906, sólo tres años después de que los bolcheviques hubieran aparecido en el escenario de la historia y un año después de la primera revolución rusa, la de 1905, anunció su primera campaña de satyagraha, imaginando la resistencia no-violenta como modalidad de lucha social.

            La satyagraha, combinación de dos palabras gujaratís que significan verdad y fuerza, era una doctrina nacida de y para la acción. Era la creación de una mente curiosamente concreta, atenta a las relaciones, siempre cambiantes, de los hombres entre sí y de éstos con el mundo. Uno de los pocos puntos en los que , según he comprobado, están de acuerdo con Gandhi la mayoría de los indios es en su enorme realismo. No era casual que siempre tuviera como norma tratar de integrar la teoría y la práctica; no era casual su creencia de que la discordancia entre lo que se dice y lo que se practica es la mayor deshonestidad. A ello hay que unir que contemplaba siempre las más diversas situaciones con la prudente perspectiva del hombre de leyes y con la astuta mirada de los indios bania, de tal modo que de su observación surgían soluciones de gran originalidad aparente pero que, en la práctica, se revelaban como realistas y adecuadas a las circunstancias».



(WOODCOCK, George. Gandhi. Barcelona: Planeta-De Agostini, 1994, p. 11-12)

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