La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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21 mar. 2015

¿Por qué los poetas?


Dreamers (1882),  de Albert Joseph Moore

   «¿Por qué los poetas? Porque los poetas crean en el momento las palabras que nombran las situaciones y las cosas. No disponen antes de ellas, no las tienen, como los que ejercen su derecho-de-palabra, ya preparadas y empaquetadas. Los poetas caminan al lado de las situaciones y las cosas, y en su porte está el estilo del viandante, no el del topógrafo que delimita espacios y mide recorridos. Para el topógrafo el camino es un trazado con sus señales y su dirección; para el poeta es un estar simplemente en camino, con los viandantes que el camino haya puesto en marcha. La dirección surge de cada encuentro, porque cada encuentro despliega en cada hombre al hombre. No al descrito por los ejercedores del derecho-de-palabra que, para defenderse del hombre, construyen modelos para ver luego con cuál se corresponde quien encuentran. El poeta ha renunciado ya desde hace tiempo a su seguridad e invulnerabilidad, y por eso puede encontrar.
   Además, sin derecho-de-palabra, el poeta habla justo lo que es menester para crear las condiciones de escucha. Por ello, cuando el poeta habla no siempre se entiende lo que dice, y cuando el poeta escribe no se logra siempre seguir hasta el fondo de sus páginas, que están tan llenas de vacío. En este vacío está el acontecer poético, la condición esencial para que una escucha sea posible. La poesía, que no está hecha para ser leída, sino para ser escuchada, querría promover en quien “lee” la escucha de sí, a un nivel más profundo de aquel en el que normalmente nos escuchamos. Dentro de nosotros no se agitan  sólo pensamientos, problemas o emociones. Ésas son sólo las formas en las que ese enigma, que cada uno de nosotros es, intenta decirse.
   Los poetas nos alcanzan en nuestro enigma no con el rito secreto de la confesión, ni siquiera con el silencio artificial del rito psicoanalítico, sino con el don de nuestras palabras que, en su confuso articularse, esconden y desvelan juntamente la palabra-clave.
   Los poetas son los guardas custodios del umbral, y por eso Heidegger les llama “los más arriesgados”. Tanto si escriben poesías como si hablan con la gente, los poetas dicen en una total ausencia de protección, se atreven con lo callado, no se quedan evidentemente en las locuciones y modismos. La gente, la que no tiene derecho-de-palabra, se encuentra con ellos como en su casa, que no es nunca una casa protegida. La que construyen los poetas es en efecto una casa abierta a todos los mensajes del mundo. Donde el mundo, cada uno de nosotros lo sabe, va mucho más alla de los confines y de su total indiferencia a las vicisitudes humanas».


(GALIMBERTI, Umberto. ¿Por qué los poetas? EN: Archipiélago: Cuadernos de crítica de la cultura, ISSN 0214-2686, nº 37, 1999 , pág. 77).

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