29 jul 2017

Vida

Un pájaro de papel en el pecho
dice que el tiempo de los besos no ha llegado;
vivir, vivir, el sol cruje invisible,
besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.
Para morir basta un ruidillo,
el de otro corazón callarse,
o ese regazo ajeno que en la tierra
es un navío dorado para los pelos rubios.
Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;

aquí en la sombra sueño con un río,
juncos de verde sangre que ahora nace,
sueño apoyado en ti calor o vida.


(ALEIXANDRE, Vicente. Espadas como labios; La destrucción o el amor. Madrid: Castalia, 1993, p. 140).

23 jul 2017

Vía media

   «Cuando Buda emprendió su búsqueda espiritual, se dedicó a practicar inumerables austeridades.
   Un buen día acertaron a pasar dos músicos junto al árbol bajo el que estaba él sentado haciendo meditación. Y uno de ellos le decía al otro: “No tenses demasiado las cuerdas de tu cítara, o se romperán. No las dejes demasiado flojas, o no producirán música. Procura dar con el término medio”.
   Aquellas palabras produjeron tal impacto en Buda que revolucionaron toda su manera de ver la espiritualidad. Estaba convencido de que habían sido pronunciadas para él, y desde aquel instante renunció a todos sus rigores y emprendió un camino fácil y liviano: el de la moderación. De hecho, su método de acceder a la iluminación se conoce con el nombre de “vía media”».


(MELLO, Anthony de. La oración de la rana. Vol. 2. Santander: Sal Terrae, 1989, p. 105).

13 jul 2017

Los diecisiete Aurelianos


El árbol de la vida (1909), de Gustav Klimt
«No se habían extinguido los ecos del homenaje, cuando Ursula llamó a la puerta del taller.
   –No me molesten  –dijo él–. Estoy ocupado.
   –Abre  –insistió Ursula con voz cotidiana–. Esto no tiene nada que ver con la fiesta.
   Entonces el coronel Aureliano Buendía quitó la tranca, y vio en la puerta diecisiete hombres de los más variados aspectos, de todos los tipos y colores, pero todos con un aire solitario que habría bastado para identificarlos en cualquier lugar de la tierra.

4 jul 2017

Mi credo

«De vez en cuando el poeta, y seguramente muchos otros hombres, sienten la necesidad de olvidar durante un rato las simplificaciones, sistemas, abstracciones y otras mentiras totales o parciales y contemplar el mundo tal como realmente es, es decir, no como un sistema de conceptos muy complicado, pero en definitiva descifrable y comprensible, sino como la selva virgen de misterios sobrecogedores, siempre nuevos y totalmente incomprensibles que es en realidad».

(HESSE, Herman. Mi credo. Barcelona: Bruguera, 1976, p. 169).

30 jun 2017

El color del canto





La hora es transparente:
vemos, si es invisible el pájaro,
el color de su canto.


(PAZ, Octavio. Delta de cinco brazos. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 1998, p. 39).

21 jun 2017

El sufrimiento es uno

   «El sufrimiento es uno. Se habla de sufrimiento como se habla de placer, pero se habla de ellos cuando ya nos dominan. Cada vez que entran en nosotros, nos sorprenden como una sensación nueva y tenemos que reconocer que los habíamos olvidado. Son diferentes porque nosotros también lo somos: les entregamos cada vez un alma y un cuerpo modificados por la vida. Y sin embargo, el sufrimiento no es más que uno. No conoceremos de él, como no conoceremos del placer, más que algunas formas, siempre las mismas, de las que estamos presos. Habría que explicar esto: nuestra alma, supongo, no tiene más que un teclado restringido y aunque la vida se empeñe en hacerlo sonar, sólo podrá obtener dos o tres pobres notas».


(YOURCENAR, Marguerite. Alexis o el tratado del inútil combate.  Madrid: Alfaguara, 1992, p. 56).

17 jun 2017

¿Qué tienes entre manos? (relato de terror ferial)



Puente cerca de Kolpino (Rusia)
«Aquel tipo tenía dentro de sí un escritor bueno y un escritor malo que trabajaban a horas distintas. Aun así en los textos del malo se percibía finalmente un aliento de bondad, mientras que en los del buenos sonaba, cuando menos hacía falta, un estertor agónico procedente de la respiración del malo. Estaban tan cerca, en fin, que no podían dejar de influirse. Los lectores, según se colocaran en uno u otro lado de la identidad de aquel tipo, pensaban que se trataba de un mal escritor con aciertos geniales, o de un genio que se estaba echando a perder.