2 abr 2024

Las lecturas de Matilda

«La clase había comenzado ya a congeniar con la señorita Honey, aunque ella apenas se había fijado en ninguno de ellos, a excepción de Matilda.
— ¿Quién te ha enseñado a leer, Matilda? —preguntó.
— He aprendido sola, señorita Honey.
— ¿Y has leído libros tú sola? Me refiero a libros para niños.
— He leído todos los que hay en la biblioteca pública de la calle Mayor, señorita Honey.
— ¿Te gustaron?
— Desde luego, me gustaron muchos de ellos —contestó Matilda, pero otros los encontré insulsos.
— Dime uno que te haya gustado.
— Me gustó El león, la bruja y el armario —dijo Matilda. —Creo que C. S. Lewis es un escritor muy bueno, pero tiene un defecto. En sus libros no hay pasajes cómicos.
— En eso tienes razón—dijo la señorita Honey.
— Tampoco hay pasajes cómicos en los de Tolkien.
— ¿Crees que todos los libros para niños deben tener pasajes cómicos? —preguntó la señorita Honey.
— Sí—dijo Matilda—. Los niños no son tan serios como las personas mayores y les gusta reírse.

La señorita Honey estaba sorprendida del sentido común de aquella niña tan pequeña
— ¿Y qué vas a hacer ahora que ya has leído todos los libros para niños? —preguntó.
 
— Estoy leyendo otros libros —aclaró Matilda—. Los pido prestados en la biblioteca. La señorita Phelps es muy amable conmigo. Me ayuda a elegirlos.

La señorita Honey estaba apoyada en su mesa de trabajo, mirando maravillada a la niña. Había olvidado por completo al resto de la clase.
— ¿Qué otros libros? —murmuró.
— Me encanta Charles Dickens —dijo Matilda—. Me hace reír mucho, especialmente el señor Pickwick.

En ese momento sonó el timbre del pasillo indicando el final de la clase».




(DAHL, Roald. Matilda. 6ª ed. Madrid: Santillana, 2021, p. 95-97).

 


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