23 nov 2014

Pecado de silencio



Artes, Música  (1898),  de Alfons Mucha
«Es la más grave de todas mis culpas pero, en fin, la he cometido. Pequé de silencio ante ti y ante mí. Cuando el silencio se instala dentro de una casa, es muy difícil hacerlo salir; cuanto más importante es una cosa, más parece que queremos callarla. Parece como si se tratara de una materia congelada, cada vez más dura y masiva: la vida continúa por debajo, sólo que no se la oye. Woroïno estaba lleno de un silencio que parecía cada vez mayor y todo silencio está hecho de palabras que no se han dicho. Quizás por eso me hice músico. Era necesario que alguien expresara aquel silencio, que le arrebatara toda la tristeza que contenía para hacerlo cantar. Era preciso servirse para ello, no de las palabras, siempre demasiado precisas para no ser crueles, sino simplemente de la música, porque la música no es indiscreta y cuando se lamenta no dice por qué. Se necesitaba una música especial, lenta, llena de largas reticencias y sin embargo verídica, adherida al silencio para acabar por meterse dentro de él. Esa música ha sido la mía. Ya ves que no soy más que un intérprete, me limito a traducir. Pero sólo traducimos nuestras emociones: siempre hablamos de nosotros mismos».


(YOURCENAR, Marguerite. Alexis o el tratado del inútil combate.  Madrid: Alfaguara, 1992, p. 38-39).

17 nov 2014

El adivino

La Sibila Délfica (1509), de Miguel Ángel
            «Decía en la plaza un adivino la bienaventura, cuando le comunicaron que acababan de abrir las puertas de su casa y robado cuanto había en ella. Tan pronto como lo oyó, echó a correr hacia su morada, y al verlo uno le dijo:
            - Hombre, ¿ofreces adivinar la suerte de los demás y no has sabido adivinar la tuya?».


Son muchos los que no saben manejar sus propios negocios, y sin embargo se empeñan en dar consejos y querer dirigir a los demás.


(ESOPO. Fábulas. [San Salvador?: s.n., s.a., p. 74).

13 nov 2014

Hermoso dios

Otoño en Murnau (1908), de Wassily Kandinsky
Acaso el mar. Tampoco. El hombre acaso.
Es el otoño. Hermoso dios. La tierra
roja, La piedra, roja. Acaso, un árbol
como la sangre. Hermoso dios. La piedra
y el hombre.

Es el otoño. Entonces. Caminábamos
hacia la cima. El mar en letra impresa.
Corto en palabras, pero en olas ancho.
(...)

Gallarta

Blas de Otero

(recogido en el libro Pido la paz y la palabra. 8ª ed. Barcelona: Lumen, 2001, p. 27).

6 nov 2014

Iris

   Iris y Júpiter  (1701) de Michel Corneille el joven
   «...La veloz Iris, de pies veloces como el viento, no desobedeció; y bajó de los montes ideos a la sagrada Ilión. Como cae de las nubes la nieve o el helado granizo, a impulso del Bóreas, nacido en el éter; tan rápida y presurosa volaba la ligera Iris...».



(HOMERO. La Ilíada. 10ª ed. Madrid: Espasa-Calpe, 1973, p. 157).