10 oct. 2011

Cartas a un joven poeta

Nocturno (1911), de František Kupka
   «Amarse de igual a igual: esto es quizás lo más difícil que nos ha sido encomendado, la tarea suprema, la prueba y el examen últimos, el trabajo para el que cualquier otro trabajo es sólo preparación. Por eso, los jóvenes, principiantes en todo, aún no dominan el amor: aún tienen que aprenderlo. Han de aprender a amar con todo su ser, con todas sus fuerzas congregadas en torno a su corazón solitario y ansioso, que late hacia las alturas. Pero el periodo de aprendizaje es siempre un largo periodo de aislamiento, y así, por mucho tiempo y hasta muy avanzada la vida, amar es, para el que ama, soledad, un estar solo más grande y más hondo. En un principio, amar no es algo que implique consagrarse, entregarse y unirse a otro (pues ¿qué sería una unión de lo no clarificado, no terminado, aún subordinado?); en el individuo es un noble motivo para madurar; para llegar a ser algo en sí mismo, para devenir mundo, mundo para sí mismo en aras de otro; es una exigencia grande y muy poco modesta, algo que hace de él un elegido y lo llama a cosas grandes. Sólo visto así, como una misión, la de trabajar en la propia persona (“aguzar el oído y darle al martillo día y noche”), deberían los jóvenes hacer uso del amor que les es dado. Consagrarse y entregarse y toda forma de comunicación no es cosa de ellos (pues todavía han de almacenar y recolectar durante mucho, mucho tiempo), eso es la meta final, es quizá aquello para lo que ahora apenas bastan las vidas humanas».

[Cartas a un joven poeta
A Frank Xaver Kappus, 14 de mayo de 1904]


(RILKE, Rainer Maria. Sobre el amor. Madrid: Alianza Editorial, 2007, p. 17.)

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